EL INICIO

Todo comenzó en 1988, cuando la emprendedora joven Rocío Lecca regresa de estudiar Diseño de Moda de una de las instituciones más prestigiosas a nivel mundial, el Instituto Marangoni en Milano, Italia. En ese entonces no existían escuelas de moda de calidad en nuestro país y las personas que querían formarse como profesionales debían seguir el destino de Rocío, y viajar a capacitarse a otros países.

En una oportunidad, un grupo de jóvenes la busca para que las prepare con el objetivo de ingresar a la misma escuela de donde ella egreso, debido a la exigencia académica que evaluaba de manera muy exhaustiva a sus ingresantes. De esta manera, en la casa de su abuelo ubicada en Jesús María, comenzó a dictar clases de diseño de moda a 4 alumnos, quienes al darse cuenta de los conocimientos que podían adquirir decidieron no viajar y estudiar con Chio.

Poco a poco las personas y jóvenes talentos de la moda comenzaron a hablar de ella y comentar acerca de una joven que los podía formar como diseñadores de moda. Cuando la cantidad de alumnos comenzó a crecer, la diseñadora decide crear lo que se convertiría en el mayor referente de la educación de la moda en nuestro país. Había nacido: “Chio (como le dicen sus amigos) Lecca Fashion School”.

El tiempo fue pasando y comenzaron a surgir nuevos retos. Se aperturan sedes de la escuela en Trujillo y Miami, ciudad a donde se muda Rocío, obligada por la fuerte inseguridad que se vivía en nuestro país en la década de los 80’s. Pero el amor por el Perú y un programa social llamado ProJoven, la impulsa a regresar para relanzar la escuela en Magdalena y luego en San Isidro, donde se encuentra ubicada en la actualidad.

Hoy, Chio Lecca, es una corporación con distintas unidades de negocios ligadas al rubro de la moda que cuenta con más de 1000 alumnos que se forman en distintos programas del más alto nivel, contribuyendo de manera directa al desarrollo de la industria de la moda peruana.
Nuestra institución es el claro ejemplo de que cuando uno hace las cosas con amor, funcionan y tienen éxito. No se trata solo de tener un sueño, sino también de saber cómo alcanzarlo; y que a veces es bueno nadar contra la corriente y seguir aquel instinto de emprendimiento innato que tienen todos los visionarios.

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